La secretaria de Trabajo y viceministra de la cartera que dirige Carlos Tomada repasó toda la agenda del sector, desde las paritarias a las aspiraciones políticas del sindicalismo, pasando por el trabajo esclavo y la interna de la UIA.Considerada una de las mayores expertas en cuestiones laborales del país, Noemí Rial recibió a Tiempo Argentino en sus oficinas del Ministerio de Trabajo. La vicejefa de la cartera abordó todos los temas destacados, en un momento en el que los asuntos del trabajo se encuentran en la primera línea de la agenda gubernamental. Y también de la social.
–¿Cómo evalúa las posibilidades de que se sancione este año el proyecto para repartir utilidades empresarias entre los trabajadores?
–Creo que la aprobación del proyecto de (Héctor) Recalde es muy probable. Recordemos que es un derecho que está contemplado en el artículo 14 bis de la Constitución. El único inconveniente que percibo es cómo entender el concepto de ganancias en el caso de las pymes, asunto en el que la Administración Federal de Ingresos Públicos jugará un rol muy importante. Porque a veces el criterio de pequeña y mediana se mide en cuanto a cantidad de trabajadores, pero no en términos de ganancia al final del ejercicio. En el Ministerio de Trabajo nos hemos pronunciado continuamente a favor del proyecto porque creemos que es una forma de profundizar la redistribución del ingreso.
–¿Cómo enfrentar las críticas de un sector del establishment empresario vinculando la inflación al impulso a la demanda que fomenta el gobierno?
–Lo que a nosotros nos falta en la modernización de las empresas es generar mayor productividad, pero no entendida como más cantidad de horas de trabajo para los empleados, sino por la incorporación tecnológica, y por mejorar la calidad y la cantidad de producción. El fenómeno que vive el mercado interno es muy interesante: hay dinero, y entonces es lógico que se consuma más. Las reacciones de la UIA y de las cámaras vinculadas a los artículos de primera necesidad es la de aumentar precios en lugar de fortalecer la oferta. Si se fortaleciera la oferta seguramente no se generaría inflación. Los salarios no son los que generan inflación, sino que la inflación la generan los que son formadores de precios.
–A pesar de la importante reducción en los niveles de informalidad laboral, ¿hay posibilidades de lograr una disminución en el porcentaje de trabajo no registrado más acorde al crecimiento del PBI y de la economía de los últimos años?
–Nosotros hemos logrado 16 puntos de caída del trabajo en negro en ocho años, lo cual no es poco. El problema principal de algunas actividades, especialmente el empleo rural y de personal doméstico, es que son temporarios. Las inspecciones muchas veces se dificultan porque estamos hablando de personas que trabajan en el medio del campo, en lugares de difícil acceso, donde las complejidades son mayores ante la falta de cooperación de los sindicatos y de las autoridades provinciales. Además, se suman casos de trabajo en condiciones infrahumanas, con manipulación de elementos absolutamente riesgosos, donde más allá de defender derechos laborales, lo que hay que defender son Derechos Humanos.
–¿La propia expansión del mercado de trabajo no deja en el camino un piso de informalidad laboral difícil de regularizar?
–El 90% de las economías desarrolladas tiene un 15% de economía informal, casi aceptada como “normal” porque a la vez en algunos sectores constituye la única forma de sustento. Si obtenemos un período más de gobierno, seguramente vamos a llegar al 6% de desocupación porque son porcentajes razonables de cualquier ciclo de expansión del desarrollo económico. Tenemos que ir desplazando una cuestión muy arraigada en la sociedad de “ver bien” la violación de un delito fiscal, como tener trabajadores no registrados y, más grave aún, en condiciones infrahumanas.
–¿Cuánto de mito hay en aquellos que vinculan los planes sociales que fomenta el gobierno con la falta de incentivo para buscar trabajo?
–El problema no pasa por los planes sociales, sino porque al trabajador no le pagan lo que le corresponde por su trabajo. No se puede decir que la gente no quiere trabajar. Nuestra experiencia, cuando concluyó el Plan Jefes y Jefas, fue que 900 mil personas de 2,3 millones consiguieron trabajo por su cuenta. Ese es el dato: cuando uno consigue trabajo no le interesa el subsidio del Estado. Pero determinados sectores no pueden salir a trabajar, por eso, la mayor parte de los subsidios son para mujeres con muchos hijos. Es muy difícil que, sin ayuda, puedan reinsertarse en el mercado de trabajo. Si estas personas, muchas de ellas empleadas domésticas, tienen que pagar por una guardería para sus hijos más que lo que ganan, es claro que la reinserción no será fácil. Es una obligación del Estado ayudar a esos colectivos laborales. Pero hay que recordar que los planes impactan solamente en un 10% de la economía y no son definitorios.
–¿Cuál es la perspectiva para las paritarias de este año?
–En 2010, según los medios, esto iba a ser una debacle: todos iban a venir a pedir el 35 o el 40% de aumento. Con el tema de los porcentajes, lo importante es tomar en cuenta la base de cálculo. Cada actividad tiene su historia. El año pasado fue una etapa de negociación muy tranquila, muy lógica. Yo siempre digo lo mismo: los empleadores no firman lo que no pueden pagar.
–¿Y de parte de los empresarios?
–Mi única preocupación es la interna que tienen. La interna de la UIA nos va a perjudicar.
–¿Hay buena relación con De Mendiguren, su próximo presidente?
–Con él sí, pero no es él sólo. La Copal (agrupa a las firmas productoras de alimentos) tiene su presidente también. Del mismo modo, hay que sentarse a hablar con Adimra (metalúrgicas) y con las otras cámaras metalmecánicas. Si no se mezcla lo político, vamos a poder funcionar bien. Si, por el contrario, lo político mete la cola, tendremos que ser más astutos, buscando una mayor injerencia del ministerio para tratar de acercar a las partes y motivar el cierre de los convenios. Pero todos los años tenemos dificultades y siempre se sale adelante.
–¿La actividad política del ministro Tomada no lo ubica en una situación incómoda cuando sectores empresarios reclaman que el gobierno sea neutral?
–El Ministerio de Trabajo fue creado para cubrir las desigualdades. Los trabajadores, aun sindicalizados y con sindicatos fuertes en muchos casos, están siempre en condiciones de inferioridad con sus empleadores. Entonces nosotros estamos obligados siempre a inclinar la balanza hacia el más débil. Lo que pasa es que este ministerio olvidó sus obligaciones durante muchos años. Cuando yo asumí, no teníamos inspectores y la negociación colectiva estaba fraccionada por empresa. Ahora hay algunos sectores que pretenden volver a eso de desvincular el convenio marco de los convenios sectoriales. Eso, si lo permitimos, va a llevar a una atomización de la negociación colectiva, sin cumplir con la obligación del piso mínimo del salario de convenio de actividad. Vamos a hacer lo imposible para que esto no vuelva a ocurrir. Si los empresarios se enojan por eso, se equivocaron de ministerio. Ellos tienen el de la Producción y el de Economía para ejercer sus lobbies, los trabajadores sólo tienen el Ministerio de Trabajo. Pero aún así, el ministro, cuando sale a hacer campaña, es un ciudadano común que se está postulando a un cargo, como me pasó a mí hace unos años cuando lo hice para ser diputada nacional. De todas maneras, los empresarios son los que más vienen a la Secretaría de Trabajo y los que más piden audiencias. Acá tienen siempre las puertas abiertas y nunca dejamos de atenderlos. Eso sí: cuando resolvemos un conflicto, debemos siempre defender al más débil, porque esa es nuestra obligación.
–¿Cómo toman las declaraciones de Hugo Moyano, de incluir en la fórmula presidencial del oficialismo algún representante de la CGT?
–Es una aspiración legítima. El movimiento obrero siempre ha tenido representantes en un número importante, tanto en Senadores como en Diputados. Por las características de la política argentina, hace un tiempo perdieron muchos de esos espacios y ahora quieren recuperarlos. Si uno revisa la actual composición legislativa, verá que el campo tiene una voz muy nutrida. Hay dirigentes sindicales muy capaces en la Argentina, que no solamente conocen a fondo su actividad, sino que están preparados para desempeñar cualquier rol en la política. (Fuente: Tiempo Argentino).
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