Reconoció que existió una “amistad despreciable” entre ambos sectores pero se negó a aportar los nombres de los represores con los que compartió tareas. Dijo que destruyó las listas con los datos de más de 100 desaparecidos.El ex capellán castrense Rafael Rey se convirtió ayer en uno de los primeros curas en admitir la relación que hubo entre la jerarquía eclesiástica y la cúpula militar durante la represión ilegal, al afirmar que existió una “amistad despreciable” entre ambos sectores. Sin embargo, no aportó los nombres de los represores mendocinos con los que compartió tareas entre 1975 y 1983, y argumentó que no los recordaba.
Rey concurrió como testigo al juicio que se lleva a cabo en Mendoza por haber sido capellán auxiliar del Ejército durante la última dictadura militar en la Compañía de Comunicación N˚ 8, en respuesta al pedido de la querella que encabeza Pablo Salinas, abogado del Movimiento Ecuménico de los Derechos Humanos en Mendoza, quien aseguró a Tiempo Argentino que el ex cura castrense realizó “una crítica forzada, y no una autocrítica sincera”.
En este juicio oral que comenzó el 17 de noviembre de 2010 y en el que son juzgados ocho imputados en 19 causas, el tribunal escuchó diversos testimonios de víctimas que dieron detalles sobre las torturas y golpes recibidos cuando estaban detenidos en la Compañía de Comunicaciones, donde se desempeñaba Rey, quien hoy es el obispo emérito de la diócesis de Zárate-Campana de la provincia de Buenos Aires.
El reconocimiento a medias que realizó ayer Rey fue a raíz de la pregunta de Salinas, quien comparó el rol de la Iglesia chilena, que se enfrentó a la dictadura de Augusto Pinochet, con la argentina. En respuesta, Rey argumentó: “Yo no niego que hubo alguna cercanía entre algunos miembros de la Iglesia con los militares, una amistad especial, y que tal vez esa gente sabía algo. Eso sería muy lamentable pero puede haber ocurrido.”
Fuentes cercanas a la causa relataron que Rey estaba muy nervioso y que “trató en todo momento de eludir responsabilidades propias, diciendo que no asistía a oficiales y que no recordaba los nombres”.
El obispo emérito sostuvo que “jamás había escuchado sobre torturas o muertes. La mayoría de las personas no sabía qué estaba sucediendo.” Tras calificar de “despreciable” la relación que, según dijo, había entre sacerdotes, a los que no identificó, y militares, lamentó que “la Iglesia no tuvo una postura mucho más dura frente a lo que estaba ocurriendo y frente a los militares”.
En otro momento de su declaración, el obispo señaló que en algunas oportunidades recibió a personas que denunciaban desa-pariciones de sus familiares. “Hice una lista con datos con más de 100 nombres, se la presenté a (Albano Harguindeguy –quien era ministro del Interior en ese momento– y a monseñor Pío Laghi, (quien por entonces era nuncio apostólico), pero de ninguno de los dos obtuve respuestas”, señaló. Sin embargo, Rey tampoco aportó información sobre los pedidos de los familiares porque argumentó que ya no tiene “esas listas” porque las “destruyó”.
Salinas relató que el cura admitió que su superior, el ya fallecido monseñor Olimpo Santiago Marisma, se reunía en forma periódica con la jerarquía militar mendocina, a la vez que recibía los pedidos de los familiares de los secuestrados.
Rey estuvo en el Arzobispado de Mendoza 26 años, desde 1967 hasta 1992. Primero fue secretario canciller, después vicario general y por último obispo auxiliar, además de capellán auxiliar del Ejército entre 1975 y 1983. Ayer, al dar tu testimonio bajo juramento, sostuvo que “si algunos curas sabían de este hecho criminal, entonces se habían olvidado del Evangelio y de lo que predica Jesús”.
Durante la jornada del juicio de ayer ante el Tribunal Oral Federal número uno de Mendoza, Salinas le preguntó por su participación en el nombramiento como capellán para la policía mendocina del ex sacerdote Oscar Moreno, quien tuvo bajo su dominio el Departamento D2 uno de los máximos centros de torturas. “Rey no podía desconocer lo que allí sucedía”, destacó Salinas.
“Rey reconoció que la jerarquía eclesiástica no tuvo el compromiso que le correspondía, porque no le quedó otra, si no tenía que mentir y estaba bajo juramento”, dijo el querellante a este diario. (Fuente: Tiempo Argentino).
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