
Los medios del establishment insisten con la idea de que el diálogo social impulsado por la presidenta está “enfriado”, “frustrado” y “cada vez más lejos”. Como no encuentran a nadie que se los confirme, apelan a testimonios anónimos.
Hace menos de un mes, Cristina Fernández invitó a trabajadores y cámaras empresarias a participar del llamado“diálogo social”. “Los invito a todos a que participemos, fuertemente, en el diálogo social tripartito: Estado, trabajadores y sector empresario”, reclamó la presidenta al cerrar la 16ª conferencia de la Unión Industrial Argentina. El llamado no incluyó una invitación formal y tampoco se brindaron precisiones sobre cómo se concretaría el acuerdo, algo entendible dada la relación de por sí conflictiva entre capital y trabajo. Digamos: pretender que la puja distributiva se resolvería en tres reuniones apuradas en 20 días implica desconocer el juego de la política, cuando no clamar por una salida efectista antes que una solución real.
“No será sencillo”, anticipó el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, al anunciar el inicio de los contactos informales para consensuar un marco en que pudiera darse el diálogo. Los medios del establish-ment, sin embargo, comenzaron en seguida a dar al pacto social por fracasado, una tendencia que ayer se vio acentuada con una particularidad: ninguno pudo exhibir fuentes reales que avalen esa idea.
“El gobierno de Cristina Kirchner enfrió por ahora las reuniones formales tendientes a avanzar en el pacto social entre empresarios y la CGT”, informó La Nación, que al mismo tiempo anunciaba en su edición online que “a las 11:30, la mandataria Cristina Kirchner encabezará el acto del Acuerdo Nacional de Promoción del Diálogo Social en la Industria Minera en la Casa Rosada”. Pero lo más interesante son las fuentes en que la nota se basó para instalar el supuesto “enfriamiento”: “una alta fuente oficial”, “un ministro del gabinete”, “un allegado a Rudy Ulloa”, “un dirigente industrial”, “fuentes de la UIA” y “un hombre de la Presidenta”. Seis fuentes anónimas, en total.
Algo similar ocurrió con Clarín, que anunció: “Empresarios y gremios ven cada vez más lejos la firma de un acuerdo”. La nota mencionó al Pacto Social como “un espacio en rigor inexistente”, y citó fuentes anónimas de la UIA para asegurar que “tanto en la CGT como en la UIA son escépticos respecto del verdadero resultado que tendrá el diálogo social”. Las únicas fuentes reales fueron José de Mendiguren, vicepresidente de la entidad industrial (un entusiasta del proyecto que sólo agregó que debería incorporarse a la oposición); y el secretario general de Dragado Juan Carlos Schmidt (que lo único que dijo fue que no existió todavía un llamado del gobierno). El diario tampoco mencionó los acuerdos de paz social en la actividad minera. El Cronista sí lo hizo, y señaló también que el ministro de Planificación Julio De Vido “espera definir en los próximos días un acuerdo similar en la construcción”, aunque mantuvo la idea de que el gobierno “demora el llamado diálogo tripartito”.
Ámbito, por último, brindó información sobre una reunión “secreta” entre De Vido y el titular del Grupo Techint, Paolo Rocca. “En el café que compartieron en el despacho del ministro éste habló de la necesidad de que todos los sectores se sumen al pacto social”, consignó la nota, que agregó que los dirigentes empresariales “ya ni aguardan” que el gobierno los convoque, aunque por otro lado “seguirán sucediendo estas convocatorias puntuales por sector”. “Ya se firmó un acuerdo con el sector petrolero, en las próximas horas se hará lo propio con la minería y es un hecho que se está negociando con la COPAL –la poderosa cámara de la industria alimentaria– con el mismo fin.”
¿Por qué, entonces, insisten en dar por muerto el pacto social, cuando apenas está arrancando y lo que precisamente necesita para funcionar es el apoyo de todos los sectores? Lo curioso –por no decir lo triste– es que se trata de los mismos medios que estuvieron durante meses machacando la bola con la necesidad de bajar el nivel de confrontación. Mientras tanto, el olor a operación directamente apesta. (Fuente Tiempo Argentino).
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