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sábado, 15 de enero de 2011

“Es importante que las patronales repudien el trabajo esclavo”

El funcionario criticó a los parlamentarios opositores por frenar el tratamiento de la ley de trabajo rural. Se expresó a favor de la reelección de la presidenta y aseguró que la acompañará desde el lugar que ella decida. Criticó a Macri.

Carlos Tomada, uno de los ministros más antiguos del gabinete kirchnerista junto con Julio De Vido, recordó cuando en 2003 se negociaban “kilos de pan y carne” con los desocupados, al hacer un balance de su larga gestión al frente del Ministerio de Trabajo. En cambio, destacó que ahora se pelea por mejoras en las condiciones laborales. En diálogo con Tiempo Argentino denunció la violencia que enfrentan los empleados del ministerio cuando intentan realizar tareas de inspección en los establecimientos rurales, y criticó a los legisladores que traban la sanción de la ley de trabajo rural. “Todos los sectores interesados han hechos sus gestiones y presiones para que este Parlamento, dominado por la oposición, no avance”. También subrayó la responsabilidad de Mauricio Macri por la falta de inspección de los talleres textiles donde se registró trabajo esclavo en la Ciudad de Buenos Aires.

–¿Cómo califica la reunión con las entidades ruralistas?
–La reunión fue muy clara en un sentido, y un tanto rara en otro. Clara porque fuimos a expresar y a pedir respuestas por parte de las cámaras patronales agrarias frente a esta mayor visibilización de estas formas de explotación de los trabajadores. No nos deja de llamar la atención la ausencia de definiciones concretas y de rechazo por parte de las cámaras. Es importante que las patronales expresen que el trabajo esclavo es un hecho repudiable, si no termina habiendo una suerte de aval donde muchos empresarios, respaldados por editoriales del diario La Nación, terminan creyendo que eso puede y debe ser así. Ante ese planteo no hubo una posición unívoca, ya que Eduardo Buzzi sí repudió, pero los otros buscaron evasiones, justificaciones. Lo único que faltaba decir era que, como el hecho no estaba probado en la justicia, no se podía hablar del tema. Nuestro segundo planteo fue la necesidad de un compromiso mayor, una actitud más proactiva de las cámaras para facilitar las inspecciones.
–¿Cuál fue la propuesta que le hicieron a las patronales?
–Los invitamos a participar de estas tareas que venimos realizando hace más de cuatro años. Eso sería una posibilidad de expresar claramente que esto no es el verdadero trabajo rural. El impacto en la opinión pública nos va a ayudar a exhibir una lacra que la Argentina siglo XXI no se merece y que ha sido producto de un desdén y un desprecio por el trabajo y el trabajador muy grande. Hemos tenido experiencias de mucha violencia cada vez que hemos hecho inspecciones en el sector rural. La presidenta lo dijo: no es ni necesaria, ni imprescindible, ni uniforme esta forma de explotación. Hay muchas empresas y establecimientos que son rentables y que tienen respeto por las normas laborales y las condiciones de trabajo en las tareas de cosecha.
–¿La visibilización de estos hechos puede impulsar la sanción de la ley de trabajo rural?
–Los tres proyectos de ley que están en el parlamento regulan colectivos con proporción muy alta de trabajo en negro, ilegal. Además de la ley de trabajo rural, está el de casas particulares y a domicilio, cuyo mejor ejemplo son los establecimientos donde se explota a trabajadores textiles. La competencia para la inspección de trabajo es de las provincias y la Ciudad. Planteamos la reforma para que haya mayor centralización, pero en el Senado las autonomías provinciales se opusieron. Y hoy en la Ciudad de Buenos Aires el responsable de la inspección de los talleres textiles es el gobierno. Y así florecen. Esperamos que la ley de trabajo rural empiece a ser tratada por los diputados. Todos los sectores interesados han hechos sus gestiones y presiones para que este parlamento dominado por la oposición no avance.
–Usted es uno de los ministros más antiguos del gabinete. ¿Qué balance hace de estos años?
–Estoy orgulloso de haber sido el ministro de Trabajo de un proyecto como el que se puso en marcha en mayo de 2003, de haber sido el ministro de trabajo de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández, que pusieron el tema del trabajo y la calidad del empleo como un eje central de la gestión. Eso no ocurría en la Argentina desde hacía muchísimos años. Y yo he tenido la fortuna de estar en ese lugar. No puedo decir que estoy satisfecho porque no podemos bajar los brazos ni un día mientras siga habiendo desocupados, trabajo no registrado, lugares donde hay trabajo infantil. En 2003 la situación era dramática. Desde este ministerio se llegó a negociar kilos de pan y kilos de carne junto con planes sociales. Luego pasamos a la etapa de generación de empleo, y más tarde fue el turno de los salarios a través de la negociación con distintos colectivos. Y ahora es el tiempo de mejorar las condiciones laborales en todos aquellos lugares donde parece mentira que haya trabajadores que tienen menos derechos que otros, o que no puedan ejercerlos a la par de otros colectivos. (Fuente: El Argentino).

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