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miércoles, 5 de enero de 2011

El año en que los europeos vivieron en peligro

Europa vive una crisis que amenaza con quedarse un tiempo largo. El Estado de bienestar en peligro por los ajustes impuestos por los líderes de la UE y el FMI. De Alemania y Francia a los “PIGS”.
Por Alfredo Grieco y Bavio

Cuando en Bruselas durante la última reunión de los jefes de Estado y de gobierno, veintisiete mandatarios se alinearon en dos filas para sacarse la llamada foto de familia de la cumbre, una misma obsesión seguramente habitaba las mentes de todos y de cada uno: el acuerdo sobre el mecanismo de salvataje de Estados que entrará en vigor en 2013 como remedio previsible e institucional para una crisis económica que creen que llegó para quedarse. Por detrás de esta urgencia postergada, posiblemente muchos de estos políticos, en su mayoría de centro o de derecha, compartían otra certeza, ampliamente expuesta por la prensa en sus respectivos países: que la canciller democristiana alemana Angela Merkel anteponía sus propios intereses electorales a la salvación del euro.

Por detrás de la economía más fuerte de Europa, los restantes 26 se ordenan en un degradé con saltos y altibajos. Entre los fuertes, está primero Francia. El eje París-Berlín ha sido, y sigue siendo, “la locomotora de la Unión”. Otro tanto vale para otra figura retórica habitual, “la troika”, y después, “el pelotón inicial del euro”: el que forman estos países con Italia. En la vereda de enfrente, fuera de Eurolandia, pero entre las economías prósperas, está Gran Bretaña. De los cuatro países más ricos de Europa, Italia tiene, con el megamagnate de los medios Silvio Berlusconi al frente, el gobierno más antiguo. Los otros tres también están gobernados por la derecha: el gaullista Nicolas Sarkozy en Francia, la democristiana Angela Merkel en Alemania, el conservador David Cameron en Gran Bretaña.

Al final de la lista están Grecia, Irlanda, Portugal y España, que temen la cercanía de un futuro que ya es hoy, con problemas para pagar sus deudas y aun los salarios de sus empleados públicos. Y del default económico al caos político hay un paso que fuera de Europa muchos ven como demasiado cercano.

Retrato de grupo con señora alemana. En Bruselas los 27 llegaron a un acuerdo para reformar el Tratado de Lisboa, el último firmado y ratificado por todos los miembros de la UE y que funciona de hecho como el texto de su Constitución. La canciller alemana Merkel dio el Nein del desdén a la propuesta de los italianos y luxemburgueses de emitir un eurobono desde la Banca Central Europea (BCE). En el Tratado reformado, se prevé un instrumento de auxilio recíproco entre los Estados, pero que se usará sólo en última instancia. Los recursos comunes del fondo de auxilio que ahora existe no se verán aumentados.

En el programa de Merkel sobre y para la crisis, que logró hacer respetar en Bruselas, hay dos objetivos. Ninguno parece ilegítimo a los restantes países ni a los ojos de los analistas. Lo único que objetan es el orden de prioridades. El primero de esos fines es enviar un mensaje claro a su electorado de que los ciudadanos alemanes no tendrán que pagar por los otros. Es como si a nivel europeo se repitiera el secesionismo italiano de milaneses ricos que no quieren pagar por napolitanos pobres, o español de catalanes que no quieren pagar por andaluces. El segundo fin que se propone es el que importa a todos. Se trata de contener a los mercados, a las especulaciones, y a las agencias de rating norteamericanas que parecen comprometidas en lo que cada vez más parece un asalto al euro. La paradoja, en palabras de Franco Venturini, analista económico y político del Corriere della Sera, diario del país que reclamaba un eurobono, es que con estas prioridades se envía “a los mismos mercados a los que se busca aplacar una señal de la perdurable vulnerabilidad de la eurozona al menos hasta fines de 2013”. (Fuente: Revista Veintitrés).

*La nota completa, en la edición impresa de Veintitrés.

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