CORRIENTE NACIONAL Y POPULAR

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lunes, 30 de mayo de 2011

“Si Cámpora se enterara que existe La Cámpora, estaría más que contento”

El ex canciller rescata los valores del presidente: su rol de conductor táctico, la lealtad y su obsesión por la justicia social. El 25 de mayo de 1973, la juventud peronista, la dictadura y el gobierno de Néstor y de Cristina Fernández.

La figura de Héctor Cámpora merece ser recordada y valorada por varias razones. Tuvo una larga trayectoria en el peronismo, que es el movimiento popular más importante desde la segunda mitad del siglo XX en la Argentina. Desde los comienzos del peronismo, Cámpora se mantuvo firme en sus principios, sobre todo en la época de la proscripción. Mantuvo cierta intransigencia respecto del régimen, como hubieran dicho en otra época los partidarios de Hipólito Yrigoyen. Y, finalmente, fue presidente de la República. Esa es la primera razón para recordarlo. Pero además, Cámpora fue el efectivo conductor táctico, porque Perón era el conductor estratégico, de todo el proceso de desarme del Gran Acuerdo Nacional (N. de la R.: una negociación que intentó llevar adelante Agustín Lanusse para condicionar el llamado a elecciones e impedir el retorno del peronismo al gobierno) y de conquista de unas elecciones que fueron libres más allá de la proscripción personal de Perón. Y Cámpora logró conquistar la garantía por parte de las Fuerzas Armadas de que no habría condicionamientos al retorno de un gobierno civil, del eventual triunfo de un gobierno popular. Toda una conquista. Era el desenlace de un proceso donde había un duro conflicto que se dirimía en la sociedad argentina.

Otro punto que habría que destacar es que Cámpora expresó las mejores aspiraciones y deseos de la sociedad de terminar con la injusticia, de terminar con la proscripción del movimiento peronista. De recuperar una democracia que tuviera un fuerte contenido social y de transformación del país.

Esos sueños, y esas perspectivas, que eran muy grandes en buena parte de la sociedad, y sobre todo en el peronismo y en los jóvenes de aquel entonces, fueron cabalmente expresados por Cámpora. Ese fue uno de los mejores momentos de expectativas y esperanzas que tuvo la sociedad argentina en el siglo XX.

Cuando me preguntan por la relación entre Cámpora y Perón digo que la relación no era difícil, no se trataba de una relación compleja. Lo que era complejo era la realidad. La lealtad de Cámpora a Perón es una cosa indiscutible. De hecho, cuando se plantea la idea de convocar a una nueva elección en la que pudiera participar Perón, Cámpora renuncia para facilitar todo el proceso. No hace nada para tratar de mantenerse en el poder. Lo mismo Solano Lima.

Aquella era una Argentina que venía de una polarización grande, con la presencia de actores sociales muy radicalizados y enfrentados entre sí, sin práctica democrática, porque no teníamos democracia desde el año 1955. Quiero recordar que el gobierno de Arturo Frondizi estaba basado en una proscripción. Lo mismo el gobierno del doctor Arturo Illia. Era una sociedad en la que las demandas sociales acumuladas eran fuertes, en la que la experiencia democrática era muy poca, con la conflictividad social elevada (veníamos del Cordobazo y el Rosariazo, que habían sido estallidos originados en conflictos de clase).

Todo eso debía enfrentarse con un gobierno, con un movimiento, que tenía tres sectores a los que les costaba mucho entenderse entre sí y que habían trabajado muy poco juntos durante la campaña: el Partido Justicialista, el movimiento obrero organizado y la juventud. No hubo mucho tiempo para coordinar entre los tres sectores y había enfrentamientos. Había diferencias. Ese contexto, además, cruzado con la dualidad de poder que significaba, tras el regreso de Perón, la existencia de un líder obviamente omnipresente e importantísimo (el propio Perón) y un presidente efectivo que al mismo tiempo enfrentaba una situación muy difícil (Cámpora).

Al poco tiempo de haber asumido, Cámpora ya tenía el Estado casi tomado por distintos sectores. Y en general no fue la izquierda ni la Juventud Peronista la que empezó con esas acciones. Por el contrario, ese proceso fue encabezado por sectores conservadores. Aquella era, por cierto, una situación muy compleja. Y se producía en un país que tenía altos niveles de enfrentamiento. Eso derivó en que, apenas el panorama de tensión comenzó a producir roces o rispideces, Cámpora decidiera dar un paso al costado. Ante esos hechos, y dado que estábamos en el medio de una situación muy conflictiva, Perón ya no debía ser sólo el gran conductor de ese tiempo. Tenía que tomar el mando y unificar la conducción política con la administración del Estado.

Si Cámpora se enterara que hoy existe una agrupación con su apellido, estaría por demás contento: él era un peronista que sentía muy profundamente la lucha por la justicia social. Y además podría comprobar, al ver las realizaciones de los gobiernos de Néstor y de Cristina, que en los últimos ocho años se pudo concretar parte de lo que él hubiera querido conseguir. Claro, con las adaptaciones y variaciones obvias de los tiempos.

Me parece bastante lógico que los jóvenes reivindiquen la figura de Cámpora porque él fue el símbolo, como ya lo había mencionado, de las aspiraciones de una profunda transformación de la Argentina. De una Argentina con sueños, esperanza, libertad, justicia, participación juvenil. Él representaba la idea de dejar atrás un pasado oscuro, de pobreza, de represión o de injusticia. Cámpora, en ese sentido, era la gran esperanza. Hoy, los jóvenes, al recuperar su figura, están diciendo que quieren recuperar esa esperanza. Están diciendo que quieren reeditar ese sueño de transformación que estuvo presente. Es muy positivo, entonces, que los muchachos quieran ponerle “La Cámpora” a una agrupación.

Cámpora era un demócrata social. Estaba en contra de toda forma de opresión y quería que se pudiera vivir libertad. Pero básicamente era un hombre que creía en un constitucionalismo social. Y además tenía una voluntad democrática, un accionar democrático, a toda prueba. En su relación con los empresarios, yo no recuerdo que Cámpora tuviera alguna desconfianza particular. Sí recuerdo, en cambio, que le tenía un respeto muy profundo a José Ber Gelbard, que era un empresario importantísimo y que aparte fue su ministro de Economía.

Los objetivos básicos de Cámpora y los del Néstor y Cristina son básicamente los mismos. El Frente Justicialista de Liberación (Frejuli), con el lenguaje y con las características de la época, buscaba una Argentina con justicia social, en la que los trabajadores y el pueblo tuvieran un poder real y no fueran simplemente convidados de piedra. En la que hubiera una estructura productiva que permitiera el desarrollo de la Argentina, en la que las decisiones del poder político pudieran tomarse con autonomía de las corporaciones y de los poderosos, y de cualquier poder extranjero.

En fin, el Frejuli representaba a una Argentina nacional y popular, con mucha participación y con mucha voluntad de desarrollo industrial. Eso estaba en las expectativas de Héctor Cámpora y de quienes lo seguimos entonces, y yo creo que está en las perspectivas y en las realizaciones de los gobiernos de Néstor y de Cristina.

La llegada de Cámpora también contribuyó de manera determinante, para una Argentina que había vivido en la proscripción y la dictadura, a un florecimiento cinematográfico, artístico e científico. Las dictaduras no son buenos campos para que florezcan el pensamiento, la creatividad, el arte o la ciencia. El 25 de mayo de 1973, como en los meses anteriores, lo que se vivió fue una enorme movilización, como también la expresión de una riquísima creatividad de los distintos sectores culturales y científicos que veían una posibilidad de desarrollarse en serio.

Ahora está ocurriendo algo parecido. Cuando uno ve la cantidad de trabajo científico, de referato, que se ha hecho en los últimos años con gente del CONICET, se constata que las cifras son muy superiores a años anteriores. Eso no está sucediendo porque hayamos venido de una dictadura, sino porque hoy hay más creatividad y más libertad, porque hay más bienestar. Y lo mismo pasa con el arte. Hoy tenemos una riqueza en los distintos campos del arte que es producto de que la Argentina ya no está concentrada en la mirada sobre la crisis y el pesimismo sobre el futuro, sino que tiene una creatividad que está poniendo en marcha y desarrollando.

Más equipo de lujo

Carlos “Quito” Burgos, como jefe de Noticias, Andrés Alsina, María Victoria Walsh, Horacio Eichelbaum, José María Pasquini Durán, Osvaldo Soriano y Lilia Fereryra son los nombres que se agregan a la lista de periodistas publicada en la nota del sábado 28 de mayo en Tiempo Argentino. (Fuente: El Argentino.com).

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