La decisión de la Corte de Apelaciones de Nueva York que liberó las reservas del Banco Central en el contexto de las juicios por el default del año 2001, fue relevante para el país por dos cuestiones: por un lado, dio por tierra la teoría que esgrimían los fondos buitres para cobrar sus acreencias y, por el otro, sacó a relucir que el grado de “independencia” de los bancos centrales es una cuestión soberana, intrínseca de los países.
Esta batalla legal es en realidad la tercera en torno de las reservas, cuyo triunfo viene a reforzar la batalla política y económica que se libró durante 2010. El fallo en cuestión marcó la cancha en la agenda internacional con un tema que fue motivo de una acalorada discusión durante gran parte del verano de ese año, entre distintos sectores económicos y la oposición, que cuestionaban la decisión del Gobierno, bajo el argumento de la denominada independencia de los bancos centrales.
En esa oportunidad, el ex titular del Banco Central, Martín Redrado, se negaba a crear el Fondo del Bicentenario y se valía de informes de asesores legales internacionales, alertando sobre la posibilidad de embargos, si la Argentina decidía utilizar reservas para pagar deuda a inversores privados.
La experiencia argentina demostró que, claramente, no es lo mismo quedar a merced de fondos buitres, en caso de circunstancias excepcionales como lo fue la crisis económica de 2001. La Corte de Apelaciones refutó ese concepto, al alegar que en las leyes de los Estados Unidos, más precisamente la Ley de Inmunidad Soberana que gozan los bancos centrales, nada dice sobre algún requisito de independencia que debe tener la entidad monetaria sobre los gobiernos. (Fuente: El Diario de Paraná).
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